Rendimiento nominal y rendimiento real: la diferencia que te come la inflación
Un instrumento puede rendir y hacerte perder al mismo tiempo. El número que muestra la pantalla es el nominal; el que dice si tu plata compra más o menos que antes es el real. Aprender a mirar el segundo cambia todas las decisiones.
Terminás el año y hacés la cuenta. Tenés más pesos que en enero. Bastantes más. La sensación es de haber hecho las cosas bien.
Después vas a comprar algo que venías postergando y descubrís que con toda esa plata comprás menos cosas que las que comprabas doce meses atrás.
Ganaste en la pantalla y perdiste en el supermercado. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo, y entender por qué es probablemente el concepto financiero más importante para cualquiera que ahorre en Argentina.
El concepto que se malinterpreta
El rendimiento nominal es cuánto creció la cantidad de pesos. Es el número que te muestra el banco, la aplicación o el resumen de cuenta.
El rendimiento real es cuánto creció tu poder de compra. Es lo que queda del rendimiento nominal después de descontarle la inflación del mismo período.
Son dos preguntas distintas. La primera es "¿cuántos pesos tengo?". La segunda es "¿cuántas cosas puedo comprar con esos pesos?". La única que importa para tomar decisiones es la segunda, porque nadie ahorra para acumular billetes: se ahorra para poder comprar algo más adelante.
Cuando la inflación del período supera al rendimiento del instrumento, el rendimiento real es negativo. Tenés más pesos y menos patrimonio. No es una paradoja: es aritmética.
Por qué pasa
El nominal domina la conversación por razones muy concretas:
- Es el número que se publica. Las tasas se comunican en términos nominales. El dato de inflación viene después, por separado, y hay que ir a buscarlo.
- Es el número que se siente. Ver el saldo subir produce una sensación de progreso que el poder de compra, que es invisible, no produce.
- La inflación se mide hacia atrás y la tasa promete hacia adelante. Comparás un dato pasado con una expectativa futura y la comparación casi siempre favorece al instrumento.
Así se explica que mucha gente sostenga durante años una colocación que la hace perder despacio, con la tranquilidad de que "al menos algo rinde".
Qué pasa el día que lo necesitás
El rendimiento real negativo no duele en el momento. Duele cuando vas a usar la plata.
Juntaste durante tres años para la entrega de un departamento, para el auto, para la obra de la casa. Llegás con el monto que te habías propuesto y descubrís que ese monto ya no compra lo que compraba cuando lo definiste. El objetivo se corrió mientras vos ahorrabas.
Esa es la forma más silenciosa de perder patrimonio: no en un mal día de mercado, sino de a poco, todos los meses, sin que nada parezca estar saliendo mal.
Qué hacer
- Calculá siempre contra la inflación del mismo período. No compares la tasa anual de un instrumento con la inflación de un mes, ni un rendimiento de tres meses con un dato anual. Mismo plazo de un lado y del otro, o la cuenta no significa nada.
- Elegí una unidad de medida y sostenela. Puede ser poder de compra, puede ser dólares, puede ser una canasta concreta de lo que necesitás comprar. Lo que no funciona es cambiar de vara según la que dé mejor resultado.
- Preguntate qué tiene que superar tu cartera antes de armarla. El punto de partida no es qué instrumento te gusta, sino cuál es el mínimo que necesitás ganarle para no retroceder. Todo lo que no le gane a la inflación es capital de trabajo cediendo terreno.
Medir bien es la mitad del trabajo
No se puede armar una estrategia sobre un número que no dice la verdad. El rendimiento real es incómodo porque muchas veces confirma que lo que parecía seguro estaba costando plata.
Ese es exactamente el punto de partida de una buena conversación sobre inversiones. Definí tu perfil de riesgo en /#contacto y armemos una cartera que se mida contra lo que corresponde.
Cuando el rendimiento real es positivo y sostenido en el tiempo, aparece el efecto que hace todo el trabajo pesado.
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