Tener dólares no es tener una estrategia: la caja quieta también pierde
Pasar la caja de la empresa a dólares resuelve un problema y abre otro. Protegerse de la devaluación no es lo mismo que hacer trabajar el capital: un billete quieto no genera renta, sólo evita una parte de la pérdida.
La empresa hizo lo que había que hacer. Ordenó la caja, separó el excedente y lo pasó a dólares para que dejara de licuarse.
Y ahí quedó. Dos años en la cuenta, sin moverse, con la tranquilidad de que ya está resuelto.
Está mejor que antes, sin dudas. Pero mitad del trabajo está hecho y la otra mitad sigue pendiente, porque en esos dos años ese capital no generó absolutamente nada.
El concepto que se malinterpreta
Hay dos decisiones distintas que se confunden todo el tiempo: en qué moneda estás y qué hacés con esa moneda.
La primera es una decisión de cobertura. Pasar a dólares te saca de la exposición al peso y es una respuesta razonable al problema de la devaluación. Pero es defensiva: te protege de perder por un lado.
La segunda es una decisión de renta. Un dólar quieto en una cuenta no produce nada. No se licúa como el peso, y eso ya es mucho, pero tampoco crece. Y el dólar también pierde poder de compra con el tiempo, más despacio y de manera menos visible, pero lo pierde.
Dicho corto: comprar dólares es dejar de perder rápido. No es empezar a ganar.
Por qué pasa
- El dólar se siente como un destino final. Una vez que estás ahí, la sensación de urgencia desaparece. Y sin urgencia, no hay segunda decisión.
- Se confunde el objetivo con la moneda. El objetivo del excedente nunca fue "tener dólares": era preservar y hacer rendir el capital que la empresa no necesita mover. La moneda es un medio.
- Se asume que hacerlo rendir implica arriesgar. Existe la idea de que la única alternativa al billete quieto es exponerse a la volatilidad. Hay tramos intermedios, y son justamente los que una tesorería corporativa suele necesitar.
Qué pasa el día que lo necesitás
El costo acá no es un evento, es una ausencia.
Dos años de excedente quieto no aparecen en ningún reporte como pérdida. No hay un mes malo, no hay una operación que salió mal, no hay nada que explicarle a un socio. Simplemente el capital hizo cero durante veinticuatro meses, cuando podría haber generado una renta que sostuviera parte de la estructura.
Y el día que la empresa necesita esa plata para una inversión, para pagar un gasto extraordinario o para una transición, se encuentra con el mismo monto que puso. Ni más ni menos.
Ese es el resultado de haber tomado la decisión defensiva y haberse quedado ahí.
Qué hacer
- Volvé al objetivo del excedente antes de mover nada. Preservar, generar renta o financiar algo concreto a un plazo determinado. Si eso no está escrito, escribilo primero: es lo que define qué instrumentos tienen sentido y cuáles no.
- Distinguí el tramo que puede tener plazo. Dentro del excedente hay plata que podría necesitarse en seis meses y plata que no se va a tocar en tres años. Sólo el segundo tramo puede colocarse en instrumentos con vencimiento y renta.
- Mirá los instrumentos que pagan renta en dólares. Las obligaciones negociables y los bonos existen exactamente para este caso: capital en moneda dura que genera un flujo, con un plazo conocido de antemano. No es la única alternativa, pero es la conversación que corresponde tener después de haber comprado los dólares.
Cubrirse es el primer paso, no el último
La empresa que pasó su excedente a dólares ya tomó la decisión más difícil: dejó de aceptar la pérdida silenciosa. Lo que queda es que ese capital deje de estar quieto.
Esa segunda decisión se toma con el mismo criterio que la primera: objetivo, plazo y perfil, en ese orden. Definí el perfil de riesgo de tu empresa en /#contacto y veamos qué tramo del excedente puede empezar a rendir.
Los instrumentos que convierten capital en moneda dura en un flujo de renta están explicados acá en detalle.
Seguí leyendo → Más allá del plazo fijo: qué son las Obligaciones Negociables y los Bonos
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